miércoles, 14 de abril de 2010

Paulette. Una lección que aprender

Perspectivas

Por Gerardo Mato Arauz

Paulette. Una lección que aprender

Este país no había conocido en los últimos años una tragedia manejada de manera tan absurda, increíble y con tal provocación a la opinión pública para el linchamiento social, como el del caso de la niña Paulette y la familia Gebara Farah.

Más allá del viaje de la mamá, de si tiene uno o dos amantes, de si hubo una amiga detenida en Veracruz o no, o que si el marido estaba o no enojado con ella porque no fue al funeral; este caso da lugar a diferentes reflexiones que como sociedad deberíamos tomar en consideración.

Porque más que lo evidente y la explotación mediática del escándalo hay que destacar contextos en los que se da esta tragedia y que dan para un análisis de una realidad oculta que como agentes y participantes sociales debiéramos discutir. Todo centrado en un problema sistémico del estado.

La discapacidad y el maltrato infantil asociado, la sumisión de la procuración de justicia al poder económico y sobre todo el papel ético de los medios electrónicos nacionales, son lecciones que este fenómeno deja a la sociedad y pone en entredicho al gobierno.

Sobre todo el primero, el maltrato infantil, algo fundamental a discutir que a muchos mexicanos nos sigue incomodando y doliendo.

Casos como el de la niña Paulette, quién independientemente de su condición socio-económica, igual que muchos infantes de este país, padecía una discapacidad por problemas psicomotrices que pudieron originar, si ese fue el caso, violencia intrafamiliar y discriminación. Con el resultado hasta ahora conocido.

Y duele, porque a pesar de que éste país ha avanzado en el reconocimiento de que el maltrato al infante es un problema público y de origen multicausal, no existen acciones concretas que lo combatan; ni instituciones confiables que se avoquen al análisis, censo de casos y programas efectivos. Más allá de lo ministerial.

El maltrato infantil no se concreta solamente al abuso sexual como se ha enfocado en el Estado de Veracruz. Este, está determinado por múltiples fuerzas que actúan en el individuo, en la familia, en la comunidad y en la cultura donde éste se desenvuelve.

Situaciones de desequilibrio en el grupo familiar donde muchas veces la primera víctima suelen ser los niños.

Y es que entre los factores de riesgo para que se produzca una situación de maltrato dentro de la familia, están los referidos a la estructura de la misma, su funcionamiento, dinámica y las malas relaciones y barreras emocionales de comunicación; además de la carencia de vínculos afectivos ocasionados por las propias condiciones del infante, por ejemplo: el embarazo no deseado, el nacimiento prematuro, pequeños con impedimentos físicos o psíquicos y los mal llamados hiperactivos.

Si a ello conjugamos como factores de riesgo las características individuales de los padres como la personalidad, inexperiencia o falta de orientación de éstos en la crianza de niños con estas condiciones. Tendremos una lección interesante que aprender de los saldos de la tragedia de Paulette.

Una niña muerta en circunstancia sospechosas, desintegración familiar como efecto de la lucha de poder entre los lazos consanguíneos de cada uno de los cónyuges y la carnicería mediática fundada en la explotación del morbo, son hasta ahora los remanentes de la incompetencia exhibida por la autoridad y el estado en el caso.

Y por si fuera poco, enmarcando la situación, la nefasta actuación de la Procuraduría de Justicia del Estado de México, que bien por incompetencia o por corrupción queda en entre dicho cuando a nivel internacional se exhibe que más allá de la verdad se encuentra el poder económico como eje de la justicia en la entidad federativa donde gobierna el presidenciable priista más reconocido. Mientras tanto… ¿Y los niños?; ¿y la integración familiar?

Es evidente que el poder político y económico se esconde tras de todo esto, cuando sin cuestionamiento alguno el gobernador Enrique Peña Nieto se apresura a comentar que el caso se realizó “con total apego a derecho y se va a resolver con justicia y con verdad”.

Pero, ¿Acaso no todos los procedimientos jurídicos deben ser apegados al derecho, la justicia y la verdad?; ¿Y los derechos del infante?; ¿Qué mueve al gobernador mexiquense salir a defender el papel de la institución procuradora de justicia, si a éste tianguis de sospechas y acusaciones se le puede llamar procurar justicia?.

Porque al igual que sucede en el futbol donde todo el público es el mejor director técnico de la selección, todo México ya encontró su vocación investigadora pericial basándose en el circo que la PJEM montó provocando el enjuiciamiento a priori de la mamá, la que bien puede ser culpable o no de negligencia o asesinato, pero ya de antemano la sociedad la juzgó.

Y de lado, mirando sin intervenir, las demás instituciones del estado sin la capacidad de ejercer su acción rectora del bienestar familiar. Sin tomar la lección y sumida en el escándalo.

En perspectiva hay que poner al tiempo. ¿Cuántos casos como Paulette se necesitarán para que el Estado Mexicano y cada una de las entidades tomen conciencia?